ATROFIA MUSCULAR Y COLUMNA VERTEBRAL

Artículo publicado en la Revista Espacio Humano, diciembre 2015  , número 202, página 30

 

ATROFIA MUSCULAR Y COLUMNA VERTEBRAL

 

images (4)Si tomamos nuestro cuerpo, en especial la espalda, como la metáfora de un barco, la columna Vertebral sería el mástil y las velas que se sujetan a éste, los músculos, que se ven sometidos a fuertes vientos (stress diario, accidentes, enfermedades, etc.) modificando la posición y flexibilidad del mástil, comprometiendo así la navegación, en este océano inmenso que es nuestra vida, con sus pros y sus contras. Necesitamos pues, velas fuertes (músculos) y flexibles a la vez, que hagan este viaje más llevadero.

Pero la falta de actividad, el sedentarismo, pone en peligro esta necesidad y la atrofia, la falta de un tono adecuado del tejido muscular, compromete la buena salud de nuestra columna.

Cuando los músculos de la espalda, no se someten a una actividad física mínima, esto normalmente tiende a degenerarse, es decir, se endurecen, sufren fibrosis, se adhieren, se pegan y dificultan el buen funcionamiento de las articulaciones, sobre todo vertebrales y por último, se atrofian, pierden su volumen y tono, es decir, capacidad de respuesta a los quehaceres cotidianos que solicitan una actividad corporal. El músculo cuando se degenera obstaculiza la circulación capilar local, dando lugar a una asfixia progresiva de los tejidos que pierden sus cualidades de elasticidad y se vuelven más frágiles frente a las tensiones, inflamaciones e infecciones. La atrofia muscular disminuye la aportación sanguínea a las vértebras, lo que favorece que produzca la osteoporosis y la descalcificación, debilitando así el eje vertebral y haciéndolo más vulnerable a las agresiones externas, ejemplo una caída o golpe fortuito. El ser muy friolero y la sensación de frio en las vértebras, puede revelar una disminución de la microcirculación local y explican quizás la mayor sensibilización a las influencias de las “energías climáticas”: frío, humedad, viento,… que en este tipo de personas, puede desencadenar neuralgias, e incluso bloqueos completos de una parte de la columna vertebral, sobro todo a nivel lumbar y cervical. La atrofia muscular se puede encontrar en cualquier edad, no solo es propia de adultos o tercera edad. Entre las consecuencias de la ausencia de actividad muscular, tenemos:

EL SINDROME SACROILIACO

Artículo publicado en la Revista Espacio Humano, octubre 2015

EL SÍNDROME SACROILÍACO

 52d12244e0704 El ilustre poeta español de la generación del 98, Antonio Machado, decía en una célebre estrofa: “Caminante no hay camino… se hace camino al andar…” Estas palabras me hacen considerar la importancia de una de las articulaciones del cuerpo humano, sin la cual ese caminar, el juego articular que se precisa para que tenga lugar esta función sería poco probable. En la pelvis, dos huesos lo hacen posible: el sacro y el ilíaco, formando así la articulación sacroilíaca.

Antes de comentaros la importancia de esta zona de la pelvis, me gustaría haceros unas breves anotaciones de la anatomía de esta extremidad ósea. La pelvis está formada principalmente por 3 grandes huesos que sitúan en el centro de nuestro cuerpo, al sacro y los dos ilíacos. El primero formado por 5 vértebras fijas más el coxis, y se relaciona con la columna vertebral, a nivel lumbar, siendo su base de apoyo.

Los dos ilíacos, a modo de palas se articulan con el sacro a ambos lados, formándose así una especie de cuenco. La pelvis que se divide en dos zonas, la superior por debajo del ombligo y la pelvis mayor, que contiene parte de órganos del abdomen, como la última parte del intestino grueso, el colon sigmoide. La pelvis menor, contiene los órganos reproductores masculinos y femeninos.